viernes, 19 de octubre de 2007

"El mundo es la calle de tu infancia"


Bella metáfora que nos va a permitir observar paralelismos entre una noticia y el lenguaje psicogenealógico

El escritor y periodista valenciano Juan José Millás, explica las claves de 'El Mundo', novela autobiográfica con la que ha ganado el Premio Planeta.

"Mi padre tenía un taller de aparatos de electromedicina". Así arranca 'El Mundo', el título con el que el periodista y escritor obtuvo anoche el Premio Planeta, una autobiografía novelada y protagonizada por el preadolescente que fue.
La historia arranca con un chaval de unos diez años, que tiene el mismo nombre que su padre.

Se llama "narcisismo" y como nudo impide ver al otro. Cuando se repiten los nombres, también se repiten los destinos. Como si se tratara de fotocopias, todo se estanca, no hay "mutación". Repetir el nombre puede significar que no lo vieron y fue el único que se vio, lo que conduce a construirse un sistema de defensa.
La finalidad sana es descubrir todo lo que es ajeno, descubrir al otro.


Descubre lo que es el mundo, tras haber sufrido un corte en su vida, y queriendo huir como sea de la calle en la que reside. Cuando al fin lo consigue, encuentra esa misma calle en Nueva York, Bogotá o Londres, porque, en definitiva, esa calle es el mundo.

Al hilo de esa frase, que es el argumento central de la obra, dice Jodorowsky que el árbol genealógico es un sistema de imitaciones y repetición. Que andamos proyectando continuamente nuestros problemas familiares en la vida.

Precisamente, cuando se le pregunta ahora sobre el mundo, cuando ya cuenta con 61 años y acumula una amplia experiencia, no duda y afirma que "el mundo es la calle de tu infancia".

Siguiendo con el lenguaje psicogenealógico, añade Jodorowsky que: “Todo lo que nos hicieron de niños, después de adultos nos lo hacemos a nosotros mismos”. Si de niños nos coartaron nuestra libertad, después de mayores…nos convertimos en nuestros propios carceleros.

También lo es la fascinación que sentía de pequeño, y que incluye en esta novela, por un bisturí electrónico de su padre, con el que este hacía pruebas en un filete de vaca, ante el espanto de su madre, que veía al niño completamente absorto por el trabajo del marido. "Recuerdo con precisión, subraya, el día en que mi padre se volvió hacia mi y me dijo, refiriéndose al bisturí: Fíjate Juanjo, cauteriza la herida al tiempo de producirla". La escritura también es, a juicio de este autor algo que hiere y cauteriza a la vez, y siguiendo con la comparación, se atreve a aseverar que "nada hay como la textura de la carne, si exceptuamos la textura de la página de papel".

Comenta Jodorowsky que la ley del árbol es la ley de la repetición, y en caso de que no nos liberemos, estamos condenados a repetir los errores de nuestros ancestros.

Por otra parte, Millás responde que con este nuevo título se encuentra en una situación parecida a la que le provocó su también autobiográfica 'Cerbero son las sombras', con la que obtuvo en 1974 el premio Sésamo de novela corta. En aquella ocasión, tuvo incluso ataques de pánico al considerar que quedaba muy expuesto ante el público. "Pensaba en mi padre y en mi madre, que ahora ya han fallecido, por cómo podrían tomarse todo aquello".

Todos somos esclavos de nuestro “personaje creado” o máscara. Personaje creado por la familia, la sociedad y la cultura en la que vivimos.
También tenemos unos límites en lo familiar, en lo social y en lo cultural…

La reflexión final es que el árbol genealógico nos da una misión “loca” que consiste en reparar heridas intelectuales, emocionales, sexuales o corporales. Cuando en un árbol se corta una rama a consecuencia de un accidente, no podemos hacer crecer esa rama perdida, eso es infantil. Lo que podemos es sacar a su lado una nueva rama.