martes, 25 de septiembre de 2007

El territorio

Marianne Costa define “los territorios del árbol” como las hermandades. Nuestra hermandad, la de nuestros padres y la de nuestros abuelos.
En la hermandad nos están dando un territorio, sólo debemos contar con aquellos hermanos con los que en realidad hemos convivido. En general, los hermanos con los que nos llevamos más de 10 años de diferencia suelen actuar como figuras maternas o paternas

El territorio, simplificando un poco las cosas, es el espacio que nos dan. Si somos hijos únicos tenemos todo el espacio para nosotros, no tenemos necesidad de compartir nada, ni tampoco hay competencia. En cambio si ocupamos el sexto lugar dentro de nuestra hermandad, siempre seremos conscientes de que hay otros cinco que llegaron antes que nosotros. Nos vimos obligados a compartir la habitación con otros hermanos, nuestra posición en la mesa tal vez muy relegados, o ignorados…

Dice Jodorowsky que andamos proyectando continuamente nuestros problemas familiares en la vida. La vida es un escenario donde reproducimos nuestro “drama familiar”. Son otros actores los que intervienen en la obra, pero el guión está escrito por el inconsciente familiar.

Según Jodorowsky, primero debemos investigar cómo hemos vivido la hermandad:
-Si tus padres querían una niña y fuiste niño.
-Si había un preferido o preferida
-Si hubo un aborto antes de tu nacimiento o después del mismo
-Si hay un hermano muerto antes de tu llegada al mundo.
-Si nos dieron un sitio o no nos lo dieron.
Con la hermandad, siempre se trata de un problema espacial…(de espacio)

Este nivel influye en lo material, el dinero y el cuerpo se relacionan con la hermandad en el árbol genealógico.
Jodorowsky define cuatro egos: material, libidinal, emocional e intelectual. El ego material lo relaciona simbólicamente con los oros del Tarot. Allí están nuestras necesidades, también el cuerpo, el dinero (como energía más densa), la ropa, la comida, la casa (entendida como techo que nos cobija)…

Marianne Costa dice que también hay necesidades “locas”, como fumar. En este “ego” deseamos convertirnos en campeones, como son los deportistas de élite o acumular enormes fortunas como en el caso de Bill Gates

En palabras de Marianne Costa: “debemos preguntarnos, ¿Cuál es mi sitio? Cada árbol nos da un sitio o territorio. Tenemos un cuerpo físico que debemos considerar como nuestro templo, al que debemos alimentar y vestir. De niños, ¿Sufrimos algún tipo de abuso en alimentación o en la forma de vestirnos?”
Debemos ser conscientes de que todo lo que nos hicieron de niños, después de adultos nos lo hacemos a nosotros mismos. Si no me compraron ropa, de mayor tendré dificultades para comprármela. Me obligaron a comer cosas que no me gustaban, hoy continuará la misma dinámica…nos convertimos en nuestros propios carceleros.

Jodorowsky también dice que las relaciones competitivas entre hermanos están causadas por el desequilibrio de los padres. Toda lucha fraternal está originada porque los padres compararon a los hijos…

Marianne comenta que en este centro está el agradecimiento, la felicidad de vivir. El agradecimiento es el sentido de la abundancia.
Este es un ego que no desea desaparecer, que no quiere morir

Terminemos este pequeño artículo con una historia zen:
Durante un paseo por un paisaje nevado el discípulo pregunta al maestro: “Maestro, los tejados están blancos, ¿cuándo dejarán de estarlo?” El maestro tarda en contestar. Se concentra y al fin le dice con voz áspera: “¡Cuando los tejidos están blancos, están blancos; cuando no están blancos, no están blancos!”
-¡Genial!
Lo importante es aceptarse uno mismo. Si mi condición presente me produce malestar es señal de que la rechazo. Entonces, más o menos conscientemente, trato de ser distinto del que soy, en definitiva, no soy yo. Si, por el contrario, acepto plenamente mi estado de este momento, estoy en paz. No me lamento por creer que debería ser más santo, más bello, más puro de lo que soy aquí y ahora. Cuando soy blanco, soy blanco, cuando soy oscuro, soy oscuro, y punto. Ello no impide que trabaje en mí, que trate de ser un instrumento mejor; esta aceptación de uno mismo no limita las aspiraciones, sino que las sustenta. Porque sólo puedo avanzar a partir lo que soy realmente.